Libro historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar

Recomendación del libro: Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar

Cada noche, a no ser que los niños estén tan cansados que, al tumbarse caigan rendidos; me gusta leerles cuentos.

Solemos leer el cuento del día en un libro de 365 cuentos y después un capítulo o dos de otro libro.

Hace poco terminamos “El principito”, del cuál poco puedo decir que no se haya dicho ya. Una maravilla.

Ayer terminamos de leer un libro precioso. Lo hemos terminado enseguida porque estaban muy enganchados y hemos ido a una media de tres/cuatro capítulos por noche.

A Sergio le ha emocionado mucho. Julio… se ha quedado dormido antes de que comenzara a leer la mayoría de días. ¿Cuál es este libro del que hablo maravillas?

“Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar” de Luis Sepúlveda.

Libro historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar

Cuando mi antigua vecina me regaló este libro para mis hijos me puse muy contenta, pues es uno de los libros que más me gustaba cuando era pequeña y tener la oportunidad de leerselo a mis hijos antes de acostarse me hace muy feliz.

En la portada dice: una novela para jovenes de 8 a 88 años. Pero yo diría que el rango de edad para este libro es más amplio como de 3 a 99 años más o menos.

Al menos por mi parte recomiendo a las/os madres/padres/profes/tios (a todo el mundo, vamos) que se lo lean a sus niños. Porque el mensaje es genial y no es una lectura nada pesada a pesar de no usar un vocabulario infantil.

Para hacer un breve resumen el libro trata sobre una promesa; la promesa de un gato grande, negro y gordo hacia una gaviota moribunda de hacerse cargo de su huevo y lo que es más dificil para un gato: enseñar a volar a la cría de gaviota.

Por supuesto hay más profundidad tras esta historia.

Es un libro que tiene un fuerte potencial crítico hacia el modo en que los humanos gestionamos el medio en el que vivimos: contaminamos, domesticamos, enjaulamos, imponemos, dominamos, maltratamos el medio que habitamos y de esta forma nos perjudicamos al mismo tiempo a nosotros mismos.

También toca el humanocentrismo, teoría por medio de la cuál los humanos creemos que somos superiores en inteligencia al resto de los seres que habitan la tierra.

Que otro ser demuestre inteligencia nos asusta, enloquece o lo sometemos a estudio exponiéndolo a pruebas para entender por qué se dan casos de inteligencia en animales y plantas.

No es considerado como algo natural que los animales se comuniquen con nosotros de manera verbal aunque sí está visto como algo natural que por ejemplo perros y gatos obedezcan órdenes simples y entiendan lo que les estamos pidiendo.

Los personajes están muy bien construidos y cada uno tiene unas características, modos de hablar y personalidad propias.

A los niños no les cuesta identificar a cada personaje gracias a esto. Terminan cogiéndoles aprecio y riendo cada vez que uno de los protagonistas suelta su personal coletilla.

El primer personaje que conocemos es Kengha, la gaviota, que encuentra un trágico final y utiliza sus últimas fuerzas para poner un huevo y hacer prometer a Zorbas no comerse el huevo, cuidarlo hasta que nazca y lo más complicado: enseñarle a volar.

Zorbas es un gato noble y leal, con carácter, sentido de la justicia y un gran corazón. Aún así desconoce cómo cuidar el huevo y posteriormente el polluelo. Por ello solicita la ayuda de sus amigos Colonello y Secretario, que junto a el sabio bibliófilo Sabelotodo y el gato de mar Barlovento acompañarán a Zorbas en su aventura de ser “mamá” de una pequeña gaviota llamada Afortunada (nombre que le viene que ni pintado).

Juntos, haciendo una oda al honor, la lealtad y la amistad trabajarán para cumplir la promesa final: enseñar a Afortunada a volar.

Y no te cuento más. Si quieres conocer a estos personajes tan entrañables y su aventura ya sabes lo que tienes que hacer.

Decirte que a mi hijo mayor de ocho años no sólo le ha encantado sino que el pobrecito ha terminado llorando por lo emotivo del final.

Eso si, entre lagrima y  lagrima me decía:

-“¿Lo volveremos a leer?”

Por supuesto. Una y cuantas veces haga falta.